EL TERCER PARAÍSO(1)

El planeta sostenible futuro será «el tercer paraíso». No será el original de la naturaleza hegemónica, el primero paraíso del Edén habitado por los inocentes Adán y Eva, ni el segundo paraí- so que era la ciudad ideal habitada por hombres y Dios(es) en unión, donde nada es natural ya y todo es trascendental. El tercer paraíso se basará en una relación reconstruida entre el Homo sa- piens y la naturaleza. Será una ciudad-región reconciliada. En él vivirán comunidades de un tercer tipo que no es tradicional ni moderno. Serán comunidades críticas con el Estado, el mercado y el deseo.

(1)Un concepto que tomo prestado de una conferencia dictada por el artista italiano Michelangelo Pistoletto en Berlín en 2011; cf. Michelangelo Pistoletto, Il terzo Paradiso, Marsilio, Venezia 2010.

El futuro verá al Homo sapiens reconciliado con la naturaleza. Sus asentamientos no serán urbanos ni rurales, sino una unión de lo urbano y lo rural. Los modos específicos de la unión cambiarán constantemente, pero se orientarán a poner cada vez más en armonía los dos. Evolucionarán al unísono. El Homo sapiens conocerá e inventará más, aumentando su capacidad de configurar el tercer paraíso. La economía (la ley de la casa) se someterá a la «ecología» (la lógica del hogar).

No recrearemos el Edén. Con lo que nos queda —la naturaleza quemada y las ciudades agrietadas— nos recuperaremos juntos en un estado de ritmo y acuerdo común. Lo más probable es que sea el Homo sapiens quien se someta a la naturaleza y utilice la creatividad (un talento único del Homo sapiens) para desarrollar nuevas actitu- des y soluciones dentro de su lógica.

La justicia

Debido a que nuestro desarrollo se ha realizado fuera de esa lógica, tenemos que hacer frente en la actualidad no solo al desafío del cambio climático, sino también a la finitud de los recursos materiales. La justicia es un asunto que está directamente vinculado con la distribución de los recursos. Depende de cómo esté organizada una sociedad. El tema de la justicia está adquiriendo una mayor urgencia si cabe no solo por percepción de la finitud de los recursos, sino también por los cambios que necesitamos hacer para reorganizar nuestra sociedad y lograr la sostenibilidad, lo que no es posible sin diseñarla de tal manera que al mismo tiempo se logre la justicia que tanto tiempo hace falta. Sin una justicia real percibida, los cambios no motivarán a todos. También podemos pensar que la sostenibilidad ecológica nos brinda otra oportunidad, si no la última, de lograr la justicia.

Quisiera imaginar que las comunidades tendrán incluso más importancia en la sociedad globalizada del futuro, porque incentivaría la justicia crítica.

Por comunidad me refiero a un grupo de personas que viven juntas en un territorio y comparten ciertos bienes de un modo concreto, con límites y consecuencias que se sienten inmediatamente cada día. El tamaño y los límites territoriales o espaciales son esenciales para sentir de forma inmediata las limitaciones y las consecuencias. Excluyo, por consiguiente, el uso modificado del término comunidad en expresiones como «comunidad de prácti- ca», a menos que se orienten hacia la vida conjunta en un espacio y tamaño limitados. Tampoco incluyo aquellas «comunidades imaginadas» y «comunidades institucionales», como la «Comunidad Europea», la «Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN, siglas en inglés), la «Comunidad internacional» ni el «estado-nación».

Como una forma alternativa de vida hacia la sostenibilidad ecológica, la comunidad es, en consecuencia, una crítica potencial hacia el Estado, el mercado y, lo que es más importante, el deseo.

La comunidad, por lo tanto, tiene una posición crítica progresiva para ir más allá del tratamiento de la comunidad solo como un sujeto en el enfoque de desarrollo, como es evidente en frases como «desarrollo basado en la comunidad», «reconstrucción basada en la comunidad», «mapeo comunitario», etc.

Una vida en comunidad (según hemos definido) puede ser practicada con la más alta conciencia sobre la imperfección del estado, del mercado y del deseo, así como sobre la imperfección de la comunidad misma. Plantearía la ambición de que la comunidad no es un mero relleno para las grietas en el sistema estado-nación y capitalista. Es una fuente potencial para producir alternativas (si no sustitutos) y, de igual importancia, críticas.

En cuanto al deseo, una comunidad puede desempeñar un papel no solo como control del consumo excesivo, sino también como fuente de conceptos y prácticas de consumo y producción sostenibles, al menos para evitar que caigamos en la «tragedia de los bienes comunes». La comunidad es una ideología funcional para producir más bienes comunes y un lugar digno en sí mismo para ubicar más bienes comunes. La comunidad podría ser una fuente para producir nuevas relaciones en la convivencia, en un sistema de consumo y producción en colaboración, y para dar sentido a la coexistencia con los «otros».

Lo que necesita subrayarse más es que la comunidad puede constituir una crítica del deseo. Todavía no sabemos con certeza cómo se desarrollará la lucha contra el cambio climático y los recursos finitos. Hay algunos escenarios. Yo diría, sin embargo, que la forma en que critiquemos nuestro deseo cambiará el juego.

De alguna manera, ahora estamos de acuerdo en que existe la necesidad de una transición ecológica que debe haberse iniciado antes. La transición ecológica es un proceso por el cual cambiamos nuestro sistema de vida para estar dentro del sistema de la tierra y sus principios en línea con la lógica de la casa, la tierra.

Los cambios a nivel individual nunca son suficientes. Es necesario poner a prueba los cambios, arraigados en el nivel de la «convivencia», el lugar donde tienen lugar las relaciones más complejas pero inevitables. Un modo de convivencia ecológicamente sostenible debe descubrirse o construirse a una escala y a un nivel de comunidad viables.

Dentro de la perspectiva ecológica, el consumo está en el centro mismo del deseo. En relación con ello hay capas más profundas y a veces ocultas: la ambición de la prosperidad universal, el poder, el complejo industrial y los intereses creados, la expansión del espacio vital a la naturaleza y a los territorios de otros, etc.

Las comunidades, a través de un proceso de diálogo y comunicación abierta, pueden proporcionar límites y es una voz moderadora. Puede comenzar con hacer preguntas para distinguir las necesi- dades de los deseos, y avanzar hacia la exploración de alternativas que podrían o no estar limitando u ofreciendo nueva abundancia. «Existe un consumo y una producción sostenibles?». Esta es la pregunta que debería llevar a la invención de la nueva economía y de las formas de Estado, ya que están construidas para satisfacer nuestro deseo. Pensar en ellas no puede ser lo suficientemente fundamental sin pensar en nuestro deseo. La comunidad puede hacer una crítica significativa del consumo y la producción cuando tam- bién discute el deseo.

Es la ciudad una comunidad?

En el sudeste asiático, entre los siglos xv y xvii, la urbanidad comenzó de manera idéntica con la modernidad. Surgieron así las comunidades urbanas. Cambió la percepción del mundo, del sujeto, del tiempo y del espacio. Dos siglos más tarde, las ciudades del su- deste asiático habían servido como fuente de críticas hacia los Esta- dos coloniales. También debería ser una crítica de las formas contemporáneas de Estado. Una ciudad, siendo la forma más sofisticada de convivencia en las condiciones más intensas y densas, proporciona muchos bienes comunes, incluyendo mercancías y relatos. Pero hay amenazas actuales, continuas y persistentes para sí misma como un común denominador. Por lo tanto, también es urgente que la ciudad, para que siga siendo una comunidad, se critique a sí misma. La ciudad en su larga historia ha estado cambiando individuos y civilizaciones. También se puede cambiar fundamentalmente en la forma en que utiliza la energía y los materiales.

Así que, sí, una ciudad puede ser una comunidad, una que es más real que un estado-nación, siempre y cuando sea productiva en la creación y mantenimiento de los bienes comunes, siendo crítica consigo misma y con los demás. La mayor parte de la invasión y transformación de los bienes comunes en propiedades públicas (de propiedad estatal) y privadas tiene lugar cada vez más y de forma más intensa, sobre todo en el proceso de urbanización.

Optimismo

En realidad, la visión anterior no debe parecer demasiado lejana. Ya han surgido pensamientos, teorías, ciencias, técnicas y prácticas que están creando nuevos caminos para reconectarse con la naturaleza. Una rápida búsqueda por internet nos descubre la ecología pro- funda2 a nivel filosófico. En economía se han desarrollado tres vertientes: la medioambiental, la verde y la ecológica. En la producción

(2)Hicham-Stéphane Afeissa, artículos «Deep ecology/Écologie profonde» y «Næss, Arne (1912-2009)», en Dominique Bourg y Alain Papaux, Dictionnaire de la pensée écologique, Presses universitaires de France, 2015.

contamos con la economía azul(3) y la economía circular basada en la ciencia del metabolismo circular. Hay muchas prácticas emergentes de recuperación ecológica, como la (re)naturalización de arroyos, granjas orgánicas y circulares. En la construcción de ciudades hay un enfoque sensible al agua. Muchas cosas son etiquetadas como «ver-des» hoy en día: construcción verde, energía verde, materiales verdes, etc. Aunque debemos ser cautos ante el llamado «lavado verde», la categoría verde indica buenas voluntades y pensamientos imperfectos que incluyen en sí mismos una oportunidad para mejorar.

En algunas ciudades la política de solidaridad está en circulación de nuevo para reconstruir las comunidades urbanas. Durante algún tiempo, los artistas han estado trabajando con las comunidades para construir juntos algún tipo de nueva conciencia hacia la coproduc- ción de bienes comunes.

Frente al Estado cuyo poder se basa en la racionalidad hegemónica, hay en el otro extremo comunidades indígenas que aún viven con sus propias normas. Muchos programas de conservación marítima y forestal en Indonesia se basan en reglas disponibles y efectivas en las comunidades locales. La reconstrucción de Aceh después del tsunami de 2004 incluyó muchas iniciativas autónomas de las comunida- des locales. Se están haciendo esfuerzos para ver cómo las múltiples lógicas contenidas en estas normas, principios, reglas y prácticas pueden trascender sus límites contextuales y ser llevadas al futuro.

(Traducido del inglés por José Pérez Escobar)

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